sábado, 24 de enero de 2015

Cuento corto: Caos urbano

Un carro está por ingresar a un parqueadero. De repente un repartidor de pizza en moto viene de atrás y lo adelanta por la derecha, casi se estrellan. El motociclista se detiene dos metros más adelante y voltea a mirar al conductor, aunque no se escucha lo que dice y por el casco que lleva puesto tampoco se le ve bien la cara, por su expresión corporal se nota que está insultando al conductor del carro. Luego arranca y se va.

En la siguiente calle hay un embotellamiento de carros a causa de un accidente entre un taxi y un camión. Nada grave, choque simple, no se sabe quién tuvo la culpa. Se ve que las personas implicadas están discutiendo airosamente. En la fila de carros atascados está un lujoso Mercedes, se podría decir de último modelo. Lentamente desciende la ventana del conductor de aquel carro y se asoma una delicada mano femenina que tira un papel a la calle.

Un colega del taxista implicado en el accidente, Juan, se mueve afanosamente en el centro de la ciudad. Aunque hay bastante tráfico, va metiéndose por cuanto espacio dejan los demás carros y sin importar si cierra descaradamente a uno o a otro. No lleva pasajeros, tampoco tiene que llegar a algún lugar. Es la fuerza de la costumbre. No hace la fila de carros que están en un semáforo para cruzar a la izquierda, sin dudar va hasta el inicio y hace doble fila. Otros carros que venían detrás de él le pitan.

En otro semáforo dos cuadras más adelante está Luis, hombre maduro que simula tener un problema en su pierna y usa una muleta. Cojea todo el día entre los carros que se detienen en el semáforo para pedir dinero.

Al otro lado de la ciudad, Marcela, de cuarenta y tantos años, va ingresando su camioneta modelo 2012 al parqueadero de una conocida papelería, va con sus dos hijos a comprar los útiles escolares, parquea de frente justo delante de un letrero que dice "Por favor parquear en reversa".
El parqueadero de esa papelería ya está lleno y los demás carros que no pudieron ingresar se empiezan a ubicar en la acera del frente, donde hay una señal que prohíbe parquear en esa zona.

En ese mismo momento, Miguel, joven que no supera los veinticinco años, saca a pasear su perro en un parque de un exclusivo sector de la ciudad. El perro defeca en la zona verde. Miguel lo llama y se van. 

Laura, acaba de retirar dinero de un cajero automático ubicado en una calle cercana a la papelería donde está Marcela. Rápidamente se acercan dos hombres en una moto, el pasajero se baja y le apunta con un arma, le quita el bolso y se va con su compañero motociclista. Se lleva el bolso, el dinero, su teléfono celular, algunas cosas más -sin importancia tal vez- que llevaba Laura... y el medicamento que acababa de comprar para su hijo de diez años que tiene leucemia.

Andrés, hombre de cincuenta años, se encuentra con una multitud esperando dentro de una estación la llegada del bus de transporte público. Mientras tanto, ve cómo unas cuantas personas entran a la estación sin pagar burlando la entrada o arriesgando su vida para entrar por otros medios. "No hay autoridades que los detengan" piensa. Lleva la mano al bolsillo de su chaqueta y nota que el teléfono celular que tenía ya no está.

Horas después, en el sur de la ciudad, Juancho le está vendiendo a Pipe el celular que le robó a Andrés. Aunque el precio del aparato es bastante alto, Pipe le paga a su socio una suma que no alcanza el 10% de su valor. Juancho cree que debe trabajar más duro para conseguir más dinero. 

Lucía, o "Lucy" como se hace llamar en su trabajo, es una joven que apenas cumplió la edad adulta y es novia de Pipe. Trabaja de stripper en un club nocturno y cuando no ha ganado lo suficiente para sobrevivir esa semana -esto pasa casi todas las semanas- se prostituye entre los clientes del club. Al dueño no le importa siempre y cuando le haga ganar más dinero y traiga más clientes. A Pipe tampoco le importa, por la misma razón.

María y su hijo Daniel observan un trágico accidente en una autopista. Entre el caos y las latas se alcanzan a diferenciar lo que antes eran dos carros. "Parece que hay muertos" le dice Daniel a su madre. No alcanzan a ver bien porque ya hay una multitud alrededor de la terrible escena, donde toman fotos y murmuran. La policía ya llegó pero ninguna ambulancia todavía. Más tarde, Rosa, vecina de María, ve en las noticias que el accidente fue provocado por un conductor en estado de embriaguez. Él, su compañera, y tres ocupantes del otro carro fallecieron en el choque.

Marcela sale con sus hijos de hacer compras. Cuando va saliendo ve cómo le están robando un espejo a un carro estacionado en la acera de enfrente. El joven ladrón luego de obtener lo que quiere, se retira tranquilamente del lugar. Más tarde su destino no será diferente al de Juancho. Marcela está indignada con la ciudad y con su alcalde.

A urgencias de un pobre hospital del sur de la ciudad llega una desesperada madre con un bebé de tres meses en brazos y su otra hija de doce años. El bebé está muerto, mutilado por un ataque de ratas. Todo ocurrió donde viven, un lugar construido de cartón y lata en una loma del sector. Hay un centenar de hogares así en esa loma. La niña de doce años lo cuidaba mientras su madre trabajaba en el centro, cuando regresó del trabajo encontró a la niña cubierta de lágrimas. La madre, al recibir confirmación de los doctores, emprende contra su hija y la estrella repetidamente contra una pared del lugar. La niña, con heridas graves en el cráneo, queda en estado de coma.

Ricardo y su esposa Diana salen del restaurante luego de cenar. Aún comentan lo sucedido con el motociclista y su irracionalidad. "Nos salvamos esta vez" dice Ricardo.

Un amigo un día me dijo "el colombiano es rebelde por naturaleza, desde la independencia". Puede ser algo más.

Todos los nombres en esta historia son ficiticios. Las historias... ¿también?.