viernes, 21 de diciembre de 2012

Breve reflexión sobre el fin del mundo

En realidad todo lo que nos rodea es finito, la diferencia está en la duración de cada cosa.

El ciclo de vida de un gusano de seda es de sesenta días, generaciones y generaciones de gusanos pasan por los ojos de un mismo hombre. Si se piensa en la duración de una vida humana con respecto a la del universo, es menos que insignificante. Y ahí es donde surge el problema.

El anhelo del hombre por ver el final de su alrededor no es algo nuevo, es un deseo intrínseco que va ligado a diferentes aspectos del ser, uno de los más importantes es la incapacidad esencial de comprender que el tiempo de la humanidad es muy breve, a esa incapacidad se le llamó "eternidad". Eterno no es algo que dure para siempre, sino algo que dure lo suficiente  para que no se alcance a entender. El hombre es eterno con respecto al gusano de seda, aún así, el hombre tiene un final, lo que pasa es que la vida del hombre no se mide en vidas de gusano de seda.

Como todo lo que no se entiende genera incertidumbre y temor, y se quiere medir la vida de un planeta en vidas humanas (todos los hombres en todas las generaciones han vivido pensando en ver el fin del mundo) resulta la mezcla perfecta para la especulación sobre el final de todo.

Irremediablemente se espera un final porque todos tenemos uno, sólo que nadie va a vivir lo suficiente para verlo.

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